13 ago. 2012

Una pregunta es un comienzo

Hacer preguntas a los niños es algo habitual, casi rutinario en la educación infantil. Desde el primer "¿cómo te llamas? ¿cuántos años tienes?" a un más circense "a ver... ¿cómo se llama el tío? ¿cómo me llamo yo?" pasando por el típico "¿de qué color son las amapolas?". Pero parece que pocos han analizado qué efectos tienen los distintos tipos de preguntas en los procesos de aprendizaje de los niños.
Llevo mucho tiempo con ganas de contar la cantidad de cosas interesantísimas que estoy aprendiendo sobre pedagogía infantil. Este tema de las preguntas me ha llamado tanto la atención que no he podido esperar a compartirlo con vosotras.
Todo comenzó con el poema de Malaguzzi que publiqué en la anterior entrada, los 100 Lenguajes de los Niños. Reggio Emilia se llama la ciudad en la que vivió este pedagogo italiano. Y Reggio se llama también la filosofía educativa que se desarrolló allí y que hoy es de las más conocidas del mundo por la cantidad de maravillas que allí suceden. Llevo cuatro meses leyendo libros y aprendiendo sobre Reggio Emilia, y esta reflexión sobre cómo preguntar a los niños que leí en uno de ellos es una de las muchísimas reflexiones que se hacen los educadores reggianos. Me ha llegado tanto que quiero compatirlo aquí.
Según los autores del libro, y en definitiva la pedagogía reggiana, existen dos tipos de preguntas en educación infantil: las que pretenden obtener una respuesta correcta y generar o reforzar un aprendizaje (¿quién sabe qué color tienen los cangrejos?) y aquellas en las que ni la educadora conoce la respuesta correcta y son un estímulo para hacerse nuevas preguntas (¿por qué pensáis que los cangrejos son rojos?). Para los pedagogos de Reggio, las interesantes son las segundas, ya que lo importante es cuán estimulantes, variadas y flexibles son las preguntas para generar nuevos procesos de aprendizaje, y no tanto el aprendizaje del hecho en sí. Al no haber una respuesta "correcta", ningún niño puede sentirse mal por no conocer la respuesta, o tener miedo a decir un error. Cualquier comentario puede ser interesante y motivo para una nueva vía de exploración. Una respuesta como "pues los cangrejos son rojos porque les da mucho el sol" es una hipótesis científica tan correcta como las que se hacen cada día los científicos de la Nasa antes de enviar sondas a marte. Y puede ser el comienzo de un gran proyecto de investigación sobre el sol en la naturaleza.
Para Reggio Emilia, lo importante no es la respuesta, sino la pregunta. Y lo más importante no es la pregunta del educador, sino la que se hace cada niño en su mente y las respuestas que otros dan a esa pregunta. El objetivo es conseguir que los niños compartan sus preguntas y respuestas con el resto: ese es el verdadero proceso de aprendizaje. Y el educador como acompañante ejerce de moderador en este diálogo, "retuerce"las preguntas para que sean más estimulantes, para que motiven a la acción: a experimentar, a buscar respuestas, a querer aprender. Según los autores, son ejemplos de buenas preguntas:

  • Preguntas que inician una historia: ¿Qué siente una piedra cuando la lanzamos al agua?
  • Preguntas que cuestionan lo que ya sabemos: ¿Porqué un Roble es un Roble?
  • Preguntas que desafían a mirar las cosas más de cerca: ¿Cómo se verá esa casa por dentro?
  • Preguntas que parecen estúpidas: ¿Qué color tiene el viento? ¿Qué hace el viento cuando no sopla?
  • Preguntas que llaman la atención sobre lo cotidiano: ¿Por qué hay bombillas?
  • Preguntas que provocan el pensamiento histórico: ¿Quién crees que vivía antes en esta casa?
  • Preguntas que suscitan ganas de aventura y descubrimiento: ¿A dónde llevará este camino, este riachuelo?
  • Preguntas que comparan: ¿En qué se diferencia el sonido de un coche y el de un tren?
  • Preguntas que agudizan la mirada hacia el entorno: ¿Por qué este lado del patio está más elevado que aquel?
  • Preguntas que animan a hacer una actividad, a medir, a experimentar...:¿Qué pasará si...?
Cada día me enfrento a esta cuestión: ¿por qué hago esta pregunta? ¿de qué me sirve preguntar esto, y sobre todo, en qué le ayuda al niño? Preguntas muy evidentes (¿ya estás listo?), preguntas exhortativas (¿pero no te has lavado las manos?), preguntas que no aportan nada (a ver, ¿cómo me llamo yo?)... me encuentro rodeado de preguntas que salen "por defecto" y de las que muchas veces no espero una respuesta inteligente o ni siquiera me interesa en absoluto.
Creo que reflexionar sobre la manera como preguntamos a los niños nos hace capaces de ser más auténticos. Lo realmente bello (y creo que intentan mostrarnos en Reggio Emilia) es hacer preguntas sensatas que aporten un impulso al niño y le hagan dueño de sus propias respuestas, y no de las que nosotros esperamos de ellos.

Y tú, ¿cómo preguntas?

Fuentes:
Ullrich, W. & Brockschnieder,F. (2009) Reggio-Pädagogik auf einen Blick. Freiburg: Herder.