17 ago. 2010

1. Materiales didácticos en los primeros meses de vida

"La Dra. Pikler demuestra, apoyada en las observaciones directas y longitudinales de más de un millar de sujetos, que el niño aprende a sentarse y a andar aunque no se le siente y se le lleve de la mano" Extraído del libro: Moverse en Libertad.








Las personas nacemos con una movilidad muy limitada y, a medida que se desarrolla nuestro cuerpo, vamos adquiriendo nuevas posturas y desplegando las capacidades que nos ayudan a girar, reptar, ponernos en cuadrupedia, gatear, ponernos en pie, trepar, andar, correr, saltar, … Es decir, cuando un bebé es capaz de pasar de estar estirado boca arriba a estar sentado en el suelo sin ayuda de un adulto, nos muestra que su cuerpo está listo para pasar largos ratos en esta postura; si lo sentáramos antes, estaríamos forzando diversas partes de su cuerpo como son: columna, cuello, musculatura de la espalda, … El bebé estaría sintiendo una sensación continua de desequilibrio y le estaríamos obligando a hacer equilibrio con la cabeza y otras partes del cuerpo para no caer. Por todo esto es muy importante que, cada vez que dejemos el bebé en lo alto de alguna superficie, lo hagamos siempre dejándolo boca arriba. Cuando veamos que él ya es capaz de sentarse por sí mismo, podríamos empezar a dejarlo sentado, nunca antes.



La adquisición de estas habilidades vendrá determinada por las capacidades físicas del bebé, del interés que éste tenga y también del entorno físico y la actitud que le ofrezca la persona que está a su cuidado. El entorno debe ser tranquilo, seguro, limpio, ordenado y contar con luz natural, pero también debe ser un entorno respetuoso con el ritmo de cada niñ@ y dé respuesta a sus gustos y necesidades (esto se logra a través de la observación diaria).

Durante los dos primeros meses de vida los bebés necesitan estar estirados en lugares acogedores como la cuna o el moisés. A partir de esta edad podemos empezar a estirarlos en el suelo poniendo una colcha de algodón o unas placas de corcho (cogidas de tal manera que no se muevan cuando lo haga el bebé) para aislarlo del frío que el suelo pueda desprender. Otra posibilidad son los puzles que venden en las tiendas de juguetes pero el material del que están hechos hacen que en verano los bebés suden muchísimo además de que, en la mayoría de casos, tienen unos colores demasiado llamativos (si nos pusiéramos en su lugar sería como imaginar que las paredes de casa estuvieran pintadas de esos colores, según los decoradores, nos cansaríamos muy rápido de verlos y no ayudarían a mantener la serenidad). El resto de materiales suelen ser más gruesos y, por lo tanto, más blandos, con lo cual, el bebé se hunde más y hace que deba hacer más fuerza para realizar cualquier movimiento. La dureza del suelo es la que le va a permitir moverse con mayor facilidad y seguridad.

Hay veces que nos asaltan dudas de si nuestra conducta es la adecuada o no, o si hay alguna manera de hacer las cosas un poco mejor. Es muy difícil saberlo con seguridad pero en ocasiones es bueno imaginarse que somos el niñ@ e imaginar qué es lo que ve, oye, siente, … Si nos imaginamos que somos un bebé estirado por primera vez en el suelo boca arriba, es fácil entender que lo mejor es que haya alguien de confianza sentado a tu lado transmitiéndote seguridad. Si desaparece de su campo de visión, sentirá que le ha abandonado y, si se queda de pie, moviéndose a su alrededor, lo que verá será unas largas piernas que se mueven continuamente sin que él sepa cuál será el próximo movimiento que harán, lo cual, no ayudará a que el bebé se sienta relajado. Al principio podemos quedarnos sentados a su lado y, más tarde, podemos ir alejándonos un poco, sin desaparecer y sin movernos, por ejemplo, sentados en una silla cercana.

Sus propias manos se convierten en el primer material de descubrimiento y le despiertan un interés muy grande. ¡Es perfecto! No debemos interrumpirle a no ser que le pongamos palabras a aquello que él está viendo y sintiendo, por ejemplo, decirle: -Veo que te miras las manos, incluso te las intentas llevar a la boca- Más tarde, cuando empiece a girar un poco el cuerpo, podemos dejarle a su alrededor algún pañuelo de algodón y alguna anilla de madera para cortinas. En Lóczy, ofrecen una bola hecha con fibras naturales y un bol de aluminio, todo con unas características específicas para que el niñ@ pueda manipularlo con facilidad.


Es importante que sea él quien se gire y coja los objetos y no sea el adulto el que se lo ofrezca para que lo coja ya que le estaríamos cortando su propia iniciativa, le estaríamos privando de la libertad de escoger qué es lo que quiere conocer, qué es lo que le despierta interés. Ahora que soy madre sé que es muy difícil dejar de ofrecerle objetos a los bebés, en muchas ocasiones yo lo hago con Pau de manera instintiva, pero debemos intentarlo ya que este tipo de interés le ayudará a ir desarrollando la motricidad de todo el cuerpo y, por lo tanto, consiguiendo nuevas posturas y desplazamientos.

3 comentarios:

  1. Increíblemente interesante y revelador, y pensar que Emmi Pikler escribió su libro en los años 60! También pienso que como dices es muy complicado intentar no "sentar" al bebé antes de tiempo, o ponerle de pie, o hacer que ande. Aun así me sigo preguntando dónde ponemos el límite de nuestra interacción. ¿Les ayudamos a subir escaleras cuando nos tiende una mano? ¿les ayudamos a abrochar los zapatos sabiendo que ya sabe? Tendemos a querer que haga todo "ya", y si no lo hace intervenimos, lo cual por otro lado supongo que es un instinto normal (imagino a los primeros homínidos queriendo que sus bebés "ya" caminen para salir huyendo en caso de peligro) pero que quizás convertirlo en rutina puede ser desfavorable.

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  2. Sí, es bien interesante esto que escribe Emmi Pickler. No he leído su libro, pero sí extractos, y precisamente yo seguí esta idea de no sentar a mi hijo ni pararlo antes de que él lo lograra.

    Yo creo que fue algo muy bueno para él, ya que cuando se sentó solo nunca se fue de espaldas, y gateó por más de un año.

    Ya cuando empezaba a caminar regresamos cerca de la familia y fue inevitable que la abuela le diera la mano y quisiera hacerle caminar. Se decidió solo, en un viaje que hicimos precisamente sin la abuela ;)

    Yo creo que más importante que el desarrollo físico, es nuestra relación con los hijos. Cada situación es diferente, y debemos ser sensibles como parte de la relación. Conviene darle la mano si me pide ayuda? Eso cada mamá y papá lo deberían responder, según el caso, y según su instinto.

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  3. Creo que todo se debe dar de un modo natural. Pienso que si me pidiera ayuda, le ayudaría, si me tendiera su mano, se la daría, ... El tema está en no intervenir si no nos lo pide y en dar el tiempo necesario para que ellos puedan intentarlo. El mundo actual está lleno de prisas y, para no "perder tiempo" los adultos acabamos por hacerlo todo. Sería importante organizar el tiempo familiar a lo largo del día y "hacer uso de la balanza" para decidir en qué quieres invertir el tiempo.

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