8 de ago. de 2010

La educación lenta

educación lenta

"Sabe, Sr Director, el otro día mi hija me dijo: Mamá los maestros nos dicen siempre que tenemos que apresurarnos, que no podemos perder tiempo, porque debemos seguir adelante. Pero mamá ¿a dónde vamos? ¿Adelante hacia dónde?" 



Ya me ha llegado el último número de la revista Aula de Infantil sobre la educación lenta, un nuevo enfoque en la manera de pensar, actuar y educar que tiene que ver con el Movimiento Slow (que promueve calmar las actividades humanas). El fragmento de arriba es real, lo comenta Gianfranco Zavalloni porque lo vivió en primera persona y fue una de las ocasiones en las que tomó conciencia de la realidad a la que están sometidos los niños hoy. Desde entonces, se preguntó:
- ¿Tenemos que correr verdaderamente en la escuela?
- ¿Estamos seguros de que esa es la mejor estrategia?
- ¿Debemos por fuerza secundar una sociedad que impone la prisa a cualquier coste?
Estas preguntas no tienen una respuesta fácil. Sabemos que en la sociedad en que vivimos perder el tiempo es pecado capital, pero también intuimos que no vamos por buen camino sometiendo a los niños a un ritmo frenético. Paradójicamente la palabra escuela viene del término griego eskolé que era el tiempo de recreo o de diversión, hoy un lugar de aprendizaje contra reloj.
¿Y en qué consiste la educación lenta?
Os resumo las ideas fundamentales que surgen de la lectura de la revista por sus diversos autores. En algunos casos transcribo literal y en otros readapto para resumir el contenido:

Joan Domènech y Carl Honoré:
  • Los niños necesitan encontrar retos adecuados a su estadio de desarrollo y tener tiempo suficiente para procesar lo que están aprendiendo. Hoy no estamos dando ese tiempo suficiente y paradójicamente parece ser uno de los motivos del fracaso escolar.
  • La obsesión por la educación precoz y rápida es contraria al aprendizaje, y hay países que se están replanteando el modelo de alta presión por otro con menos exámenes, deberes y horas de clase.
  • Finlandia parece ser el ejemplo a seguir, es el país nº 1 en el Ranking de educación según el Estudio Pisa y los niños empiezan la escuela con 7 años, tienen menos exámenes, deberes y horas de clase que en el resto. 
  • La clave es respetar el ritmo de cada alumno¿Pero cómo voy a hacer eso -pensará un maestro- si tengo 27 niños en clase?. Parece ser que es posible. Volviendo al modelo Finlandés, Paul Robert, director francés que lo analiza muy exhaustivamente dice: "[en Finlandia], si un niño muestra disposiciones particulares, se le dará la oportunidad de aprender a leer precozmente (6 años). En cambio, y estando de acuerdo con los padres, los profesores pueden dejar a un niño hasta los 8 años en el jardín si todo indica que no está listo para la lectura. La jornada de trabajo se organiza cuidando respetar los ritmos biológicos del niño y de evitar todo cansancio inútil: hasta los 16 años – cuando se finaliza la escuela obligatoria- las sesiones se limitan a 45 minutos y se entrecruzan con períodos de descanso de 15 minutos durante los cuales los alumnos pueden caminar libres por los pasillos, hablar tranquilamente en las salas de descanso, jugar o utilizar las computadoras puestas a su disposición."
  • La educación lenta empieza en casa: los padres pueden modelar el uso del tiempo de los niños, mostrarles el valor del silencio, de la reflexión, enseñarles "el arte de la paciencia". Padres y madres deberíamos dejar de vivir acelerados y llevar la calma a casa. Es duro pero no imposible.
  • La clave está en "perder el tiempo" dentro de la escuela o descubrir estrategias para desacelerar:
  • Perder tiempo para hablar: escuchar a los niños hablando de sus historias personales y compartirlas.
  • En la era del ordenador, volver a escribir con plumilla, "con buena letra". Escribir así transporta al mundo de la concentración y de la lentitud, del hacer las cosas lentas y bien hechas.
  • Pasear, caminar, moverse a pie: para conocer el entorno y a los demás.
  • Dibujar en lugar de fotocopiar. "La fotocopia es la maldición de nuestras escuelas". Los niños se han convertido en expertos en rellenar espacios de una fotocopia con colores. Es necesario recuperar el dibujo propio, las tablas, los esquemas, los organigramas. Cada uno a su manera.
  • Mirar las nubes en el cielo y mirar por la ventana.
  • Escribir cartas y postales de verdad, personalizadas. En la era de los "forwards" y las felicitaciones por email masivas, volver al correo convencional, lento y que hace ilusión recibir.
  • Aprender a silbar en la escuela. Esta prohibido.
  • Hacer un huerto en la escuela: requiere que se respeten los tiempos, desarrolla la atención por los ritmos naturales. Es una experiencia de lentitud y hace referencia al tener cuidado, a seguir los ritmos de la tierra.
Agnès Barba: habla de su experiencia en la Escola dels Encants como educadora de infantil.
  • Dos estrategias metodológicas para gestionar bien el tiempo: las entradas relajadas y los ambientes de aprendizaje relajados.
  • Entradas relajadas: significa flexibilidad a la hora de incorporarse por las mañanas a la escuela, acompañando con música, clima de calma y saludos y atención personalizada con calor, abrazos, caricias. Hay tiempo para mirar, hablar, establecer relaciones.
  • Ambientes de aprendizaje relajados, de libre circulación: cuando juegan sin la fiscalización del adulto parece que hay menos dificultades. Los niños y niñas construyen su propio proceso de crecimiento personal en varios ambientes en los que se respeta la actividad iniciada por ellos de manera que lo viven todo como propio. 
  • Libertad de poder elegir donde ir, con qué material jugar, con quién compartir y cuánto tiempo permanecer en un lugar, lo que les hace cuestionar, pensar, ser conscientes de sus intereses. Van construyendo su responsabilidad en relación con las decisiones que toman y su relación con los objetos y las personas.
Marta Graugés: habla de su experiencia en El Gira-sol en el trato de conflictos:
  • La actitud del adulto es esencial: estar al 100% por los niños, no dejarles solos, hablar sin gritar, sin movimientos bruscos, sin órdenes generales, con mensajes por grupos o individuales, sin hacer demasiadas propuestas, sin excitar a los niños...
  • "Cuando queremos decir algo a un niño en particular, nos acercamos a él, buscamos su altura y le hablamos tranquilamente, haya hecho lo que haya hecho. NO hacemos públicas las situaciones que pertenecen a un niño o a un grupo. Sólo hablamos entre todos cuando se trata de algo que nos incumbe a todos".
  • Ante un conflicto: seguir un protocolo común (todos los educadores hacen lo mismo). Lo primero, prevenir, anticiparse cuando se ve venir el conflicto. Si no hay tiempo y nos encontramos con la "tormenta", hablamos con los niños, les explicamos porqué no les beneficia y el peligro que hay para ellos, dejamos que encuentren una solución.
  • Verbalizamos: "No estamos de acuerdo con la acción que has hecho, pero esto no eres tú" y hablamos de la acción que hay que revisar. Ponemos en práctica respuestas pacíficas a la resolución de conflictos.
  • Tenemos límites, pocos y claros, los consensuamos con los niños. Los revisamos.
  • Tenemos una norma que no es discutible: no se puede pegar ni hacer daño.
  • Como adultos, podemos respetar las "movidas" de los niños sin hacer uso del poder ("ya te lo he dicho", "tú, que eres el mayor", "porque yo lo digo", "tienes que hacerlo así"...). 
  • ¿Podemos tener una actitud alegre y amable con nosotros y nuestros hijos y alumnos?
Joan Domènech (autor del libro Elogio de la Educación Lenta):
  • La sociedad presiona constantemente: la competitividad, la lucha por el mercado, la "supervivencia del más fuerte", contamina el sistema educativo con una obsesión por conseguir resultados educativos en los niños.
  • Programas de estimulación temprana dirigidos a bebés: tienen como objeto estimular artificialmente las capacidades intelectuales de los niños, y conseguir que adquieran aprendizajes antes de tiempo (y a ser posible antes que el resto de los niños)
  • Al crecer, más presión en actividades extraescolares.
  • En la escuela, presión por las familias que piensan que una ralentización en el ritmo o en los deberes perjudicará a sus hijos e hijas. 
  • La administración traspasa la visión cuantitativa del tiempo: se debate sobre el reparto de horas, y el logro no depende de la calidad del aprendizaje sino de la cantidad de tiempo que destinamos al mismo.
  • Sectores importantes del profesorado se contaminan de la obsesión por los resultados y organizan absolutamente el tiempo de los niños y niñas.
  • ¿Cómo actuar?: 
    • El aula: Implicar al alumnado en sus aprendizajes, pensar el tiempo desde una perspectiva diferente en la que habrá que tender a no fragmentarlo, a establecer nexos entre el trabajo general y el especializado, a dejar tiempo real para que todos puedan alcanzar los aprendizajes
    • El currículo: al acordar cuáles son los aprendizajes comunes y básicos que todo el alumnado ha de asumir en la escuela. Haciendo una propuesta con sentido común. Seleccionar y priorizar los contenidos. 
    • La diversidad: ser respetuosos con los ritmos de cada uno de los alumnos. Adecuar los tiempos a las personas y no al revés. Consecuencias en la distribución del alumnado, diversificación de actividades, criterios de evaluación, etc. Alternativas a la segregación del alumnado o a las repeticiones de curso como forma de atención a la diversidad
    • El equipo: también ha de tener calma, la tranquilidad y paciencia. Los cambios son lentos por lo que han de plantear resistencia a las presiones externas (administración, familias) y confiar en su labor profesional. Encontrar tiempo para el profesorado. 
    • El trabajo con la comunidad: ayudar a comprender que la excesiva presión sobre los niños (que no quiere decir la necesidad de exigencia, responsabilidad y límites en los niños) produce resultados negativos. Establecer espacios y tiempos compartidos de formación, de juego, de relación, etc.  y limitar las ofertas extraescolares para dar lugar al juego, a la actividad artística.
La educación lenta es por tanto una propuesta de cambio que va más allá de los hábitos y de las buenas prácticas, es un cambio que implica ganas de cambiar cosas que no nos gustan de esta sociedad en la que vivimos, empezando por la educación. Y no parece fácil, pero seguramente tampoco sea imposible.

Más información | Blog de la Educación Lenta

1 comentario:

  1. Interesante entrada.
    Con vuestro permiso, os enlazo en mi facebook.
    Estoy totalmente de acuerdo en que hay que volver a vivir la vida despacio, saboreando y siendo consciente de cada momento.
    Encontrar y respetar el ritmo de cada cosa y de cada persona es la clave para un vida equilibrada y armoniosa.
    Los niños aprenden del ejemplo, de lo que ven y familia y escuela somos los responsables de transmitirles que EL TIEMPO NO EXISTE sino que es la percepción que tienes de como pasas de un espacio a otro a lo largo del día (la calidad de lo vivido).

    Un cordial saludo.
    Yolanda.

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