20/5/2013

Mamá, ¿qué es la vida?

Los niños se acercan a la vida y la muerte con una naturalidad sorprendente. Hoy comparto con vosotras este magnífico diálogo que he encontrado en un libro (muy recomendable) de Heike Freire titulado Educar en verde.

Una tarde de otoño, Mercedes paseaba por el bosque con su hija Laura de 5 años. Iban buscando setas cuando de pronto la niña se paró mirándola fijamente:
- Mamá, ¿qué es la vida?-preguntó como si tal cosa.
-Es difícil de explicar -respondió Mercedes-. Yo diría que es el tiempo que pasa entre el momento en que naces y el que mueres.
- Y cuando mueres, ¿ya no estás más aquí?
- No, ya no estás.
- ¿Como las hojas que se secan y caen de los árboles?
- Más o menos.
- Pero en primavera vuelven a salir
- Laura, para nosotros no es así; cuando mueres, mueres para siempre.
- ¿También tú morirás para siempre? ¿Y yo también?
- Sí; también nosotras, Laura...
- Pero.., eso no es posible, ¡no es justo!...
-Tal vez no lo sea, pero es así.
-No, no es así. Cuando yo muera sí me secaré, pero naceré de nuevo. La vida no es eso que tu dices, mamá, es otra cosa...

Freire, H. (2011) Educar en verde. Ideas para acercar a niños y niñas a la naturaleza. Graó: Barcelona. P.133

2/12/2012

El tercer año de vida (de 2 a 3 años)

El tercer año de vida
Esta entrada la escribo pensando en mi sobrino Leo y mis amigos Anuk, Alegría y Pau porque todos ellos se encuentran en el maravilloso tercer año de su vida (que es el que va del segundo al tercer cumpleaños, aclaro porque a veces confunde un poco el término). La dedico también a todos aquellos padres y educadores que tengan contacto con esta maravillosa edad.
Leyendo libros sobre psicología del desarrollo me doy cuenta de que puede ser peligroso detallar demasiado lo que va a suceder en determinados momentos de la vida de los niños, porque tanto si después sucede como si no, crea unas expectativas que pueden generar tensión en sus padres y educadores. Por eso no quiero hacer un decálogo al uso de las cosas que deberían hacer los niños de dos años, sino dar pinceladas sobre qué grandes hitos suceden a lo largo de este año de vida basándome en mi experiencia, en la experiencia de muchas personas que han observado a los niños, y sobre todo en algunos libros que me parece que hacen un buen resumen.
Los niños de dos años utilizan el juego y la observación para orientarse mejor en el mundo que les rodea. En esta etapa el diálogo entre el niño y su entorno da un cambio, ya que comienza a llenar su cesta de experiencias personales con las primeras confrontaciones con otros niños y con adultos. Es el paso del descubrimiento del "yo" al descubrimiento de los "otros iguales o distintos a mí". Junto con el desarrollo de la personalidad, se despierta en esta etapa una fuerte obstinación, fuente de los primeros conflictos que suelen ser de tipo posesivo ("¡coche mío, tuyo no!"). Según los psicólogos, esta etapa es una demanda constante de enunciados claros por parte de los adultos: necesita orientación para establecer su autonomía como persona. Esto se puede interpretar como una invitación por un lado a no sobre-dimensionar los conflictos (es difícil que un niño que ha mordido a otro pueda entender que le hace mal poniéndose en su lugar) pero también a ponerles palabras y no quitar valor a sus acciones. En esta edad curiosamente comienzan a desarrollar su yo emocional y a ser capaces de decir cómo se sienten (un claro signo de un enorme avance en el desarrollo del lenguaje) por eso es importante poner nombre a esos sentimientos (rabia, tristeza, dolor, etc.) y no evitarlos.

El juego

Las construcciones (con bloques de madera, con arena...) o el juego simbólico (imitar a los adultos al cocinar, conducir un coche, mecer una muñeca...) son ejemplos de juegos típicos de esta edad. Es interesante observar que al principio cuando juegan con otros niños, no juegan juntos sino en paralelo aunque frecuentemente en juegos similares lo que les permite entrar en conflicto, intercambiar, quitar, tirar, hasta poco a poco indicar, dar, pedir, compartir. Esta estrategia les permite regular lentamente su atención y estados emocionales (a base de prueba y error), y coordinarlos con los de el resto de niños. El interés por el mismo juguete y el conflicto que se deriva es el comienzo de una relación social. La manera en cómo les ayudemos a regular esos conflictos puede ser clave para sus futuras relaciones con otros niños.
El desarrollo del lenguaje va muy ligado al del juego y la interacción: alrededor del tercer cumpleaños aumenta la capacidad de planificar la intención del juego con palabras (ej. escondite, juego simbólico). El adulto juega un papel muy importante en el impulso del lenguaje ya que la comunicación entre los niños es más bien escaso. Por un lado, el niño imita al adulto, por otro éste comprende la intención de lo que dice el niño ("mama, ero ete" = mamá, quiero ese juguete), le ayuda a expresarse (¿quieres ese juguete? claro aquí tienes), reconoce necesidades en gestos y les pone palabras.

La fase de las rabietas

Una de las características de esta etapa es la terquedad, que muchas veces se convierte en rabietas. El desarrollo de la personalidad requiere la puesta a prueba de los límites que se imponen contra su voluntad individual. Esta fase es muy importante ya que permite conocer e interiorizar reglas de juego que después utilizará en el juego social a partir de los 3 años. El reto es enorme para los educadores: se ha de tener muy claro cuales son los límites propios, evitar el sufrimiento innecesario del niño y las decisiones impulsivas injustas, pero al mismo tiempo dejar claro los límites (aún sabiendo que hay excepciones) de una manera respetuosa y tranquila. El niño aprende las reglas sociales igual que las reglas gramaticales del idioma, por ejemplo: la mayoría de las veces se conjuga el pasado como "caído, jugado, cantado" pero a veces como "hecho, dicho, puesto". En los límites sería: "la mayoría de las veces no puedo jugar ni tirar la comida pero a veces experimentamos tirando y jugando con harina". Yo me lo imagino tan complejo para ellos como para nosotros aprender la lista de verbos irregulares en inglés ¿os acordáis? con decenas de excepciones. Su cerebro aprende de manera increíblemente rápida unas estructuras y excepciones que más adelante utilizará de manera natural en sus relaciones sociales con otros niños.

Empatía y punto de vista

La psicología del desarrollo ha demostrado que los niños de 2 años son capaces de entender que los demás también tienen pensamientos, a pesar de que aún no puedan ponerse en su lugar y entender exactamente qué les sucede. Por ejemplo pueden entender que en una situación es el otro el que sufre, y no él mismo, pero no pueden ponerse en lugar del que sufre ni sentir lo mismo que él. Pero esta capacidad no es innata, sino que requiere haber desarrollado un concepto previo de uno mismo antes de otorgar a otros de autonomía y poder comparar sus vivencias con las propias. La empatía se puede fomentar o reprimir; por ejemplo si la persona de referencia ignora o castiga sistemáticamente los gestos, los intentos de comunicarse o las necesidades del niño, éste aprende a reprimir sus expresiones y sentimientos y también a no percibirlas en los demás.

Desarrollo Emocional

Los niños de un año ya son capaces de expresar emociones básicas como alegría, aflicción, asco o enfado. Las aprenden observando las expresiones faciales de los adultos en contextos determinados ya que son universales y comunes en todas las culturas. Es uno de los primeros aprendizajes al nacer. En el tercer año de vida, la expresión emocional se basa en las emociones primarias pero es mucho más variada y específica, además comienza a ser utilizada intencionalmente. A lo largo de este año se van construyendo esquemas emocionales basados en las vivencias de las emociones de otras personas, y hacia finales de este año se comienzan a poner nombre a cada emoción. La competencia emocional se entorpece cuando el niño experimenta que determinados aspectos de sus sentimientos no encuentran respuesta (no son tenidos en cuenta o no se verbalizan adecuadamente). El control emocional es una parte muy importante de este año de vida: los niños ya pueden distinguir entre una vivencia emocional y una expresión emocional, y adaptar expresiones a determinadas vivencias. También son capaces de canalizar y regular sus emociones de maneras muy distintas, una de ellas el lenguaje. El lenguaje se utiliza a partir del tercer año de vida por ejemplo para reinterpretar acontecimientos (envidia: “no quiero tu juguete porque es muy feo”) o para expresar consecuencias.

Los sentimientos se desarrollan de manera muy diferente. Por ejemplo, para poder sentir envidia o lástima de otro niño ha de desarrollar conciencia de si mismo, en cambio para los sentimientos de orgullo o vergüenza ha de conocer previamente reglas sociales con las que relacionar su comportamiento. Para poder sentirse culpable (lo que suele ser el objetivo de la mayoría de los tradicionales castigos) ha de desarrollar un sistema interno de valores en el que comparar, valorar, priorizar y decidir, cosa que no sucede hasta mucho más adelante.

Es curioso que la mayoría de experiencias vividas antes de los 3 años sean olvidadas. Esto se explica porque hasta esa edad no se dispone de una memoria autobiográfica (relacionada con el momento y lugar determinado del suceso). Pero lo que sí tenemos con 3 años es la memoria emocional, que guarda pedazos de nuestras experiencias emocionales en esta etapa. Así seguramente nos acordemos de cómo era la escuela infantil ni de la educadora, pero muchos de los sucesos emocionales de esa etapa marcan inconscientemente nuestra forma de sentir y actuar hoy.

El desarrollo del lenguaje

La velocidad con la que se desarrolla el lenguaje en los niños es muy diferente en cada caso. Hay niños que con 3 años pueden expresarse correctamente mientras que otros aún no pueden construir frases sencillas. En la mayoría de casos esta diferencia no juega un papel relevante en el desarrollo psicológico (a pesar de las evidentes preocupaciones de los adultos) pero si que requiere un trato individual. En cualquier caso es fundamental esforzarse por comprender al niño, no perder la paciencia, hacer preguntas y reformular sus expresiones (“querías decir…”) y sobre todo cuidar el propio lenguaje.

Los niños de dos años comprenden con gran facilidad la mayoría de lo que les decimos. Son capaces de algo tan complejo como asociar palabras a categorías (fresa -> FRUTA, hermana -> NIÑOS) y comprender frases complejas con varios recados (“por favor trae el libro y cierra la puerta”).

En esta etapa comienzan a hablar con niños de edades similares: utilizan frases sencillas, se turnan pero no siempre reaccionan a la conversación. En la primera mitad del tercer año suelen hablar en infinitivo, mientras que con el tiempo empiezan a utilizar la estructura “Sujeto-Predicado-Objeto”. Un caso peculiar en esta edad es la generalización de estructuras como “hacido” en lugar de “hecho” lo cual es una buena señal de que el principio fundamental se ha entendido (el pasado se construye con –ado/-ido).

Resumen

Éste es un año de crecimiento emocional mientras descubren la propia personalidad y la de los demás, ayudándose del lenguaje para expresar sentimientos y comunicarse con sus iguales y adultos.

Literatura:

Haug-Schnabel, G. & Bensel,J. (2012) Grundlagen der Entwicklungspsychologie. Basel: Herder.
Oerter, R. & Montada, L. (Hrsg.) (2002) Entwicklungspsychologie. 5., vollständig überarbeitete Auflage. Weinheim: Belz.

13/8/2012

Una pregunta es un comienzo

Hacer preguntas a los niños es algo habitual, casi rutinario en la educación infantil. Desde el primer "¿cómo te llamas? ¿cuántos años tienes?" a un más circense "a ver... ¿cómo se llama el tío? ¿cómo me llamo yo?" pasando por el típico "¿de qué color son las amapolas?". Pero parece que pocos han analizado qué efectos tienen los distintos tipos de preguntas en los procesos de aprendizaje de los niños.
Llevo mucho tiempo con ganas de contar la cantidad de cosas interesantísimas que estoy aprendiendo sobre pedagogía infantil. Este tema de las preguntas me ha llamado tanto la atención que no he podido esperar a compartirlo con vosotras.
Todo comenzó con el poema de Malaguzzi que publiqué en la anterior entrada, los 100 Lenguajes de los Niños. Reggio Emilia se llama la ciudad en la que vivió este pedagogo italiano. Y Reggio se llama también la filosofía educativa que se desarrolló allí y que hoy es de las más conocidas del mundo por la cantidad de maravillas que allí suceden. Llevo cuatro meses leyendo libros y aprendiendo sobre Reggio Emilia, y esta reflexión sobre cómo preguntar a los niños que leí en uno de ellos es una de las muchísimas reflexiones que se hacen los educadores reggianos. Me ha llegado tanto que quiero compatirlo aquí.
Según los autores del libro, y en definitiva la pedagogía reggiana, existen dos tipos de preguntas en educación infantil: las que pretenden obtener una respuesta correcta y generar o reforzar un aprendizaje (¿quién sabe qué color tienen los cangrejos?) y aquellas en las que ni la educadora conoce la respuesta correcta y son un estímulo para hacerse nuevas preguntas (¿por qué pensáis que los cangrejos son rojos?). Para los pedagogos de Reggio, las interesantes son las segundas, ya que lo importante es cuán estimulantes, variadas y flexibles son las preguntas para generar nuevos procesos de aprendizaje, y no tanto el aprendizaje del hecho en sí. Al no haber una respuesta "correcta", ningún niño puede sentirse mal por no conocer la respuesta, o tener miedo a decir un error. Cualquier comentario puede ser interesante y motivo para una nueva vía de exploración. Una respuesta como "pues los cangrejos son rojos porque les da mucho el sol" es una hipótesis científica tan correcta como las que se hacen cada día los científicos de la Nasa antes de enviar sondas a marte. Y puede ser el comienzo de un gran proyecto de investigación sobre el sol en la naturaleza.
Para Reggio Emilia, lo importante no es la respuesta, sino la pregunta. Y lo más importante no es la pregunta del educador, sino la que se hace cada niño en su mente y las respuestas que otros dan a esa pregunta. El objetivo es conseguir que los niños compartan sus preguntas y respuestas con el resto: ese es el verdadero proceso de aprendizaje. Y el educador como acompañante ejerce de moderador en este diálogo, "retuerce"las preguntas para que sean más estimulantes, para que motiven a la acción: a experimentar, a buscar respuestas, a querer aprender. Según los autores, son ejemplos de buenas preguntas:

  • Preguntas que inician una historia: ¿Qué siente una piedra cuando la lanzamos al agua?
  • Preguntas que cuestionan lo que ya sabemos: ¿Porqué un Roble es un Roble?
  • Preguntas que desafían a mirar las cosas más de cerca: ¿Cómo se verá esa casa por dentro?
  • Preguntas que parecen estúpidas: ¿Qué color tiene el viento? ¿Qué hace el viento cuando no sopla?
  • Preguntas que llaman la atención sobre lo cotidiano: ¿Por qué hay bombillas?
  • Preguntas que provocan el pensamiento histórico: ¿Quién crees que vivía antes en esta casa?
  • Preguntas que suscitan ganas de aventura y descubrimiento: ¿A dónde llevará este camino, este riachuelo?
  • Preguntas que comparan: ¿En qué se diferencia el sonido de un coche y el de un tren?
  • Preguntas que agudizan la mirada hacia el entorno: ¿Por qué este lado del patio está más elevado que aquel?
  • Preguntas que animan a hacer una actividad, a medir, a experimentar...:¿Qué pasará si...?
Cada día me enfrento a esta cuestión: ¿por qué hago esta pregunta? ¿de qué me sirve preguntar esto, y sobre todo, en qué le ayuda al niño? Preguntas muy evidentes (¿ya estás listo?), preguntas exhortativas (¿pero no te has lavado las manos?), preguntas que no aportan nada (a ver, ¿cómo me llamo yo?)... me encuentro rodeado de preguntas que salen "por defecto" y de las que muchas veces no espero una respuesta inteligente o ni siquiera me interesa en absoluto.
Creo que reflexionar sobre la manera como preguntamos a los niños nos hace capaces de ser más auténticos. Lo realmente bello (y creo que intentan mostrarnos en Reggio Emilia) es hacer preguntas sensatas que aporten un impulso al niño y le hagan dueño de sus propias respuestas, y no de las que nosotros esperamos de ellos.

Y tú, ¿cómo preguntas?

Fuentes:
Ullrich, W. & Brockschnieder,F. (2009) Reggio-Pädagogik auf einen Blick. Freiburg: Herder.


8/1/2012

Los 100 lenguajes de los niños y las niñas

El niño está hecho de cien.
Cien maneras de expresión,
cien manos,
cien pensamientos,
cien maneras de pensar, de jugar y de hablar
cien, siempre cien
maneras de escuchar,
de sorprenderse,
de amar,
cien alegrías para cantar y entender,
cien mundos que descubrir,
cien mundos que inventar,
cien mundos que soñar.
El niño tiene cien maneras de expresión,
cientos y cientos más,
pero le roban noventa y nueve.
La escuela y la cultura le separan la cabeza del cuerpo.
Le dicen:
que piense sin sus manos
que trabaje sin su cabeza
que escuche sin hablar
que comprenda sin alegría
que ame y se maraville sólo en Pascua y en Navidad.
Le dicen al niño:
que descubra un mundo que ya existe
y de cien le roban noventa y nueve.
Le dicen:
que el juego y el trabajo
la realidad y la fantasía
la ciencia y la imaginación
el cielo y la tierra
la razón y el sueño
son cosas que no van juntas
Y le dicen que el cien no existe
El niño dice:
"¡claro que sí! el cien está aquí".

Loris Malaguzzi

7/11/2011

La instrumentalización del cuento en educación infantil

“Las fábulas sirven a la matemática,
como la matemática sirve a las fábulas.
Sirven a la poesía, a la música, a la utopía, al compromiso político:
en definitiva, al hombre en su conjunto y no sólo al fantasioso.
Sirven precisamente porque, en apariencia, no sirven para nada:
como la poesía y la música, como el teatro y el deporte[…]”
RODARI, 2008:162
Resumen
En educación infantil es bastante frecuente acudir al cuento como recurso didáctico y utilizarlo para propuestas escolares en el marco del currículo del aula. En este artículo que escribí para una asignatura de lengua española, analizo la intencionalidad del cuento y algunas perspectivas de su finalidad. Propongo una reflexión que sirva al adulto para evitar su sistemática instrumentalización con fines pedagógicos y defiendo su validez como entidad educativa en sí misma.

16/4/2011

La Ola

Hace tiempo que tengo olvidado el blog y hoy quiero compartir una reflexión que me parece fundamental en educación y que creo que debería ser el punto nº 1 para discutir en la primera clase de la primera asignatura de cualquier universidad que forme futuros maestros.
Todo surge tras ver la película "La Ola". En ella, se recrea un experimento que hizo un profesor con una clase de instituto para demostrarles la facilidad con la que se manipulan las masas y que comprendieran los regímenes autoritarios. La clase acabó en menos de una semana siendo una réplica de lo que sucede en cualquier regímen fascista: los alumnos cedieron parte de su identidad al grupo y creyéndose importantes por pertenecer a él se vieron abocados a una paranoia por la disciplina, el cumplimiento de normas y la homogeneización. El grupo llegó a extremos como inventar una simbología, saludo, uniforme y a cometer actos vandálicos por el propio interés del grupo.
Ron Jones, el profesor que organizó el experimento original (EEUU, 1976) declaraba años después:
"Siempre podrá volver el fascismo, porque es muy sencillo de entender y porque las personas se sienten frustradas. Pierden su trabajo, su dignidad, su sentido de valía, y enseguida llega alguien y les dice: "tengo la respuesta".
Los sistemas escolares preparan el terreno, utilizando exámenes estandarizados basados en éxito-fracaso y no reconociendo vías alternativas de aprendizaje, así como una variedad más amplia de las capacidades y logros individuales de los alumnos.
La educación elimina a los alborotadores y a los que son difíciles de enseñar, premiando a los estudiantes sumisos que quieren tener éxito a cualquier precio y aceptan la autoridad de las instituciones.
Eso es lo triste. Los maestros pueden hacerlo explotar diciéndoles a los alumnos que son especiales, que forman parte de una comunidad y que pueden hacer cosas únicas. Lo único que tienen que dar ellos a cambio es su lealtad. Lo que ahí sucedió sucede cada día en la escuela, sólo que falta el resto de la parafernalia. Los niños no aprenden a hacer preguntas. Estamos creando una sociedad en la que la libertad es sólo una palabra más del diccionario."

Imagino que trabajar con 13 niños de 2 años en una guardería, 25 de 6 años en una escuela o 40 de 15 en un instituto no deber ser fácil, por eso quizás la enseñanza con fichas desde los 2 años, la estandarización de aprendizajes, el currículum cerrado, la ordenación por filas, los horarios, las rutinas, el sistema basado en premio-castigo, la homogeneización de calificaciones, las notas 0-10, las horas de 45 minutos, ...
Pero ¿es necesario? ¿es justificable? ¿es bueno? Me quedo con muchas dudas que algún día espero poder resolver.

Termino con más palabras del profesor Jones:
"Sospecho que las respuestas que buscamos están más cerca de lo que pensamos. Son las decisiones que cada uno toma. La decisión de incluir o excluir a algunas personas en tu vida. De caminar por la habitación para encontrarte con un extraño. El extraño en ti y cada uno de nosotros. De confiar en ti mismo y en los demás. De luchar por la justicia y la igualdad en el pulso de tu vida. De amar a tus hijos. De  ser estúpido. De jugar. De crear sentimiento de comunidad y una vida mejor para los demás. Una vida que no puede ser entregada a cualquier miedo o tirano. Una vida que no puede ser planificada ni explicada, sólo disfrutada.


Sí, hay bien y mal en lo que hacemos. El bien en mí anhela la libertad. El mal existe en una disputa al volante o un insulto racial, a punto de estallar en un mundo de perfección, respuestas, y orden. Somos capaces de cualquiera de esas cosas".

Si cualquiera es capaz de cualquier cosa, ¿no son los maestros y maestras del mundo capaces de cambiar éste?

Web de Ron Jones

25/2/2011

Si un niño tiene interés la educación simplemente sucede

Un maestro que pueda ser reemplazado por una maquina debería ser reemplazado por una máquina.
En este vídeo, el investigador Sugata Mitra se enfrenta a uno de los mayores problemas de la educación: los mejores maestros y profesores no están donde más se los necesita. En una serie de experimentos que hizo por todo el mundo en los que dio acceso a internet a un grupo de niños y analizó cómo trabajaban en equipo, descubrió algo increíblemente interesante: "La educación es un sistema auto-organizado en el que el aprendizaje es un fenómeno emergente." Sólo dejando libres a los niños auto-organizar la búsqueda de conocimiento se consiguieron resultados sorprendentes en el aprendizaje.

Leyendo esto, creo que si la educación fuera el universo estaríamos en el comienzo del big bang. ¡¡Aún queda muchísimo por hacer!!
Espero que os guste: